Jorge Riechmann
Sequía en España, y áspera controversia pública entre los presidentes de Castilla- La Mancha y Murcia a propósito del trasvase Tajo-Segura (sendas entrevistas en ABC, el 25 de junio, y El País, el 26 de junio de 2005). En realidad ambos argumentan según la formulación que ofrece Barreda (el castellano-manchego): “El agua no puede ser el factor limitante de nuestro desarrollo”.
Generalizando pero sin hacer violencia al asunto, podría decirse: “la naturaleza no puede ser el factor limitante de nuestro desarrollo”. Expresado de esta forma, el “argumento” revela su carácter suicida, porque de hecho la naturaleza es el factor limitante: la biosfera es finita e irremplazable. Si uno manifiesta su crudo productivismo en esos términos, cualquier mención retórica a la sostenibilidad que haga después será sólo cháchara huera.
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No me canso de subrayar la importancia de una versión generalizada de la noción de gestión de la demanda, en conexión con la idea de reconocimiento de límites.
Sustentabilidad implica respetar los límites, y por eso supone cuestionar la idea de una demanda humana perpetuamente expansiva. De ahí la necesidad de generalizar criterios económico-sociales de gestión de la demanda –hoy ya “normalizados” en ámbitos como la gestión del agua o del abastecimiento energético— a todos los demás ámbitos donde surgen problemas de recursos, contaminación y escala excesiva de la actividad humana: gestión de la demanda también en lo que se refiere al consumo de carne, o al uso de materiales para la edificación, o a la ordenación territorial...
(Sin embargo, en un país como España sucede que del total de ingresos previstos en España en el año 2005 a través de la tarifa eléctrica --17.290 millones de euros-- sólo está previsto que 10 millones se destinen a programas de gestión de la demanda. Esto es, apenas el 0’05%. Las políticas de gestión de la demanda siguen siendo marginales, lo cual se traduce en una demanda de electricidad en crecimiento galopante.)
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El barril de petróleo casi a 60 $, y todas las sirenas de alarma aullando al unísono en la ciudad alegre y confiada... ¡Inflación, desempleo, estancamiento, crisis! El dedo acusador señala hacia las torpezas más o menos criminales –la criminal guerra de Irak, el acoso torpe de Putin contra la petrolera Yukos--, pero sobre todo hacia las “causas estructurales”: ¡el consumo en China y la India sube a medida que sustituyen algunas de sus bicicletas por automóviles! Es decir, a medida que hacen precisamente lo que nosotros –los especialistas en “desarrollo”— les hemos dicho que hay que hacer.
Va acercándose el momento de decidir. No hay en este planeta espacio ambiental ni bienes ecológicos suficientes para que algunos cientos de millones de consumidores más se incorporen a nuestro “modelo de desarrollo”: éste es excluyente por definición (aunque nos hemos venido negando con obstinación a reconocer esta verdad palmaria). Ahora, una de dos: o cambiar este modelo –y entonces hace falta trabajar, producir y consumir de otra manera--, o desplegar y perfeccionar las estructuras de poder fascistas que in nuce ya existen, de manera que la raza de los señores domine sobre las razas de los esclavos dentro de un mundo congelado en desigualdades atroces. Tertium non datur.
Jorge Riechmann, el autor, ha formulando la vertiente ética de su filosofía ecosocialista en una "trilogía de la autocontención" que componen los volúmenes "Un mundo vulnerable", "Todos los animales somos hermanos" y "Gente que no quiere viajar a Marte" (reunidos en la editorial Los Libros de la Catarata).

















