Jorge Riechmann
¿Aprenderá EE.UU. –y tras él los amplios sectores en el mundo entero que todavía se niegan a mirar de frente la realidad— que ese vasto experimento socioecológico que es la alteración del clima del planeta por emisión antropogénica de gases de “efecto invernadero”, en conjunción con el otro vasto experimento socioecológico que es la globalización neoliberal, conduce incluso a corto plazo hacia desastres inimaginables –incluyendo la desaparición de lo que consideramos civilización, y acaso de la propia especie humana?
A veces no viene mal repetir obviedades: nuestras sociedades industriales no están preparadas para hacer frente a los desastrosos cambios ecológico-sociales que ellas mismas han puesto en marcha.
Después de la experiencia casi apocalíptica que han vivido miles de personas con la llegada del huracán Katrina –y cientos de millones más, vicariamente, a través de los medios masivos— a una zona densamente poblada de la superpotencia del planeta, después de los diques de Nueva Orleans rotos, las casas reventadas, las ciudades anegadas, los cientos de muertos y los miles de arruinados, después de tanta destrucción natural y de tanto caos social, ¿aprenderá EE.UU. –y tras él los amplios sectores en el mundo entero que todavía se niegan a mirar de frente la realidad— que ese vasto experimento socioecológico que es la alteración del clima del planeta por emisión antropogénica de gases de “efecto invernadero”, en conjunción con el otro vasto experimento socioecológico que es la globalización neoliberal, conduce incluso a corto plazo hacia desastres inimaginables –incluyendo la desaparición de lo que consideramos civilización, y acaso de la propia especie humana?
Y ¿escarmentaremos nosotros, desde España, en cabeza ajena, cayendo en la cuenta de que nuestros miles de apartamentos en primera línea de playa están sometidos a un riesgo análogo, que la nueva aridez puede castigar horriblemente a nuestra agricultura, o que en un planeta globalmente más cálido incluso cabe que nos afecte un enfriamiento generalizado en toda Europa occidental --si se bloquea la circulación oceánica en el Atlántico Norte, dejando a las latitudes septentrionales sin la vital aportación de agua templada de los trópicos?
(Sobre esto último: el funcionamiento de la “cinta transportadora” de agua oceánica --en términos técnicos: la circulación termohalina-- depende de pequeñas diferencias en la densidad y salinidad de las aguas; la interrupción de esta enorme corriente, que ha ocurrido algunas veces en los últimos 100.000 años, altera de manera súbita el clima del planeta entero (grosso modo, enfriando más el Norte y calentando más el Sur). Se teme que el incremento de flujos de agua dulce en el Ártico --por hielo derretido, más precipitaciones, etc.-- podría ocasionar este efecto, apagando un “interruptor climático” que sumiría de golpe a Europa en una mini-era glacial.)
Si no aprendemos por investigación y anticipación racional, ¿aprenderemos al menos a base de catástrofes?




















