Los resultados de las elecciones municipales y regionales del pasado 25 de mayo, consideradas como una "primera vuelta" de las generales por los principales partidos y con un índice de participación superior en casi 4 puntos a las anteriores, han provocado una relativa decepción en muchas de las gentes que en los últimos meses se habían movilizado contra el gobierno del PP por distintos motivos, entre ellos la catástrofe del "Prestige" o la guerra de Iraq. En efecto, si bien en términos absolutos el PSOE ha obtenido en las municipales alrededor de 100.000 votos más que el PP y ha habido cierta recuperación de IU y un relativo ascenso de algunas fuerzas de izquierda nacionalista, en términos globales el PP de Aznar no ha conocido un debilitamiento significativo de sus posiciones de poder en la mayoría de capitales y parlamentos autonómicos (hay que recordar, no obstante, que en esta ocasión no había elecciones en Catalunya, Euskadi, Galicia y Andalucía).
Contrariamente a las expectativas que en la izquierda había generado la extraordinaria movilización contra el apoyo del gobierno a la guerra de Bush contra Iraq, se ha podido observar que el deseado "efecto Blair" ha tenido un alcance muy limitado si lo comparamos con la respuesta masiva por parte del electorado del PP, muy superior al reflejo que han podido tener aquellas luchas en el voto a las fuerzas de izquierda que podían ser expresión de la voluntad de castigo al gobierno en esta cita electoral. A todo ello hay que añadir la diversidad de situaciones que en el plano local y regional se da en unas elecciones como éstas, en función de cuáles eran las fuerzas gobernantes y líderes en liza y de los problemas específicos surgidos en los últimos tiempos en cada caso.
Quizás el dato más revelador del reducido efecto de las movilizaciones se da en Galicia, en donde las protestas contra el "Prestige" sólo han producido un descenso en 4 puntos del PP y no han impedido su continuidad en la zona más afectada por el desastre, la Costa da Morte; en cambio, el BNG sólo ha subido 1 punto y el PSG ha conocido una recuperación significativa aunque limitada.
En Catalunya el voto de la izquierda social más implicada en las movilizaciones parece haberse dirigido más a formaciones como Esquerra Republicana de Catalunya e Iniciativa per Catalunya-Els Verds-EUiA, que conocen un significativo ascenso frente al PSC en Barcelona ciudad. También en Aragón se ha podido observar un nuevo ascenso de una formación nacionalista de izquierdas, la Chunta Aragonesista, junto con un PSOE que se había opuesto al Plan Hidrológico del gobierno central. Por el contrario, en Murcia el PP se ha reforzado mediante una nueva mayoría absoluta, gracias a la popularidad que tenía ese Plan en la región, igual que ocurrió en el País Valenciá. En Extremadura y Castilla-La Mancha, feudos del PSOE, éste ha visto revalidada su mayoría absoluta, gracias también al papel "populista" jugado por sus líderes regionales, mientras que en Asturias, otro bastión del PSOE, éste ha perdido la mayoría absoluta, aunque seguirá gobernando con el apoyo de IU.
Pero sin duda los focos de atención más emblemáticos de los resultados de esta confrontación electoral se encuentran en Madrid ciudad y en Baleares. En la primera el candidato "light" del PP, Ruiz Gallardón, ha logrado la mayoría absoluta, mientras que en las islas el PP acaba con el gobierno de la "izquierda plural" gracias, sobre todo, al retroceso de un partido nacionalista, el PS de Mallorca. Es verdad que en la Comunidad de Madrid el PSOE e IU obtienen, aunque por escasa diferencia, la mayoría, pero ese resultado no logra atenuar el impacto simbólico de las dos derrotas mencionadas.
Caso aparte es el de Euskadi, en donde la ilegalización de la casi totalidad de las candidaturas promovidas por Batasuna no ha impedido que el apoyo a las mismas se expresara a través de un voto nulo muy similar al de las pasadas elecciones autonómicas (más del 10 % de los votos emitidos en la Comunidad Autónoma Vasca), provocando así un profundo déficit de legitimidad en un número significativo de ayuntamientos. Paralelamente, la coalición PNV-EA sigue afianzándose frente al PP y al PSOE -que no consiguen arrebatarle el ayuntamiento de Bilbao- mientras que la federación vasca de Izquierda Unida aumenta en número de votos y concejales y la provincia de Alava sigue en manos de la alianza PP-PSOE. En Navarra, las fuerzas "regionalistas" de derechas son mayoritarias, pero Aralar, escisión de Batasuna, irrumpe con fuerza en el Parlamento autonómico.
En lo que se refiere a IU, la valoración general de los resultados hecha por su dirección federal ha sido relativamente positiva, a pesar de haber estado por debajo de las expectativas generadas en los últimos meses. Hay que tener en cuenta que esta formación sufría desde hace tiempo una tendencia a la baja (en la que influian también los conflictos internos y, en más de un caso, la elaboración de listas escasamente representativas de la pluralidad de esta formación y de su relación con la izquierda social) que amenazaba incluso su supervivencia institucional en lugares como Madrid y que gracias a su implicación en las movilizaciones ha logrado cierta recuperación electoral, probablemente gracias al voto joven y antiguos abstencionistas. En las municipales ha alcanzado un 6,06 % de votos, manteniendo la mayoría en la ciudad emblemática de Córdoba, subiendo en la provincia de Sevilla, en Asturias, Navarra, País Valenciá y Catalunya (en este caso, en el marco de la coalición con IC-Els Verds). Se mantiene, sin embargo, una muy débil presencia institucional de IU en lugares como Aragón, La Rioja, Canarias, Cantabria, Galicia, Castilla-La Mancha y Castilla y León. Ahora se abre, sin embargo, el riesgo de que una orientación mayoritaria tendente a gobernar en cualquier circunstancia con el PSOE en municipios y Comunidades Autónomas, como Madrid o Asturias, conduzca a una posición subalterna hacia ese partido, en detrimento de un perfil alternativo y diferenciado, más necesario si cabe tanto para garantizar la continuidad de la radicalización social como para contrarrestar la presión del "voto útil" al PSOE en las próximas elecciones generales.
Una valoración general de lo ocurrido este 25-M viene a atenuar las esperanzas en que se vaya a abrir un nuevo ciclo de desgaste creciente del PP y de perspectivas de una victoria de la izquierda en las elecciones generales de marzo del año que viene. Ni una cosa ni otra están garantizadas, ya que la distancia entre la movilización social y su expresión electoral se ha revelado muy superior a las previsiones y en la explicación de este desfase tenemos que analizar la incidencia de diversos factores, tanto los de "larga duración" -peso de una cultura de cinismo político heredada de la transición y de dos decenios de hegemonía neoliberal- como otros relacionados con el discurso del "miedo" (a la "coalición radical Zapatero-Llamazares", a la "ruptura de España" ...) agitado por Aznar y con el débil arraigo social de los partidos de izquierda y la mayoría de las redes de los movimientos sociales.
En resumen, la ola de luchas vivida no ha llegado todavía a tener el suficiente calado en la sociedad para poder trasladarse al plano político-electoral y, sobre todo, para ir sentando las bases de una nueva cultura política "contra-hegemónica". La tarea de la izquierda anticapitalista y alternativa tendrá que estar orientada, por tanto, a ir creando las condiciones para recuperar un nuevo aliento en el estímulo de la movilización social -razones para ello no faltan ni faltarán- y en la profundización del desgaste del PP, evitando cualquier tentación dentro de la izquierda, como ocurre ya en el PSOE, a abandonar la lucha en la calle en aras de querer competir mejor por el centro político con el PP.