Ante el nuevo curso político: ¿Ha derrotado Aznar a la izquierda?

G. Buster



Aznar ha inaugurado su último curso político convencido de que ha derrotado políticamente la ofensiva de los movimientos sociales de los últimos tres años. Una derrota que no se ha producido en el terreno de la movilización contra el Plan Hidrológico Nacional y el desastre de Prestige, la huelga general de los sindicatos o las manifestaciones contra la Presidencia española de la UE o la guerra contra Iraq, donde cientos de miles de ciudadanos han demostrado hasta la saciedad su oposición contra las políticas del PP.

La derrota que cree haber infligido Aznar lo ha sido en el flanco más débil de esta resistencia social masiva, en su representación política para construir una alternativa parlamentaria a la mayoría absoluta del PP. Porque a pesar de los resultados electorales de las recientes elecciones municipales, donde la derecha perdió su mayoría social, el PSOE ha sido incapaz de articular una alternativa política al PP.

Los escándalos de la Asamblea de Madrid y del Ayuntamiento de Marbella -que han sido los más significativos, pero no los únicos-, han permitido a Aznar mostrar un PSOE incapaz de romper con la corrupción en la que se hundió durante los últimos años del Felipismo. En el fondo, esta enfrentando al movimiento de resistencia social con el dilema que planteo el propio Felipe Gónzalez al movimiento contra la OTAN antes del referéndum: ¿quién va a gestionar estos votos críticos?.

Para la derecha, el PSOE no puede construir una alternativa porque carece de un modelo social propio, una idea de España y esta dividido entre sus barones y tendencias, con un Zapatero incapaz de imponer su liderazgo. Los discursos de Aznar en Ciutadella y Quintanilla de Onésimo adelantan todos los temas de la larga campaña electoral del PP. No se puede, concluye el mensaje del PP, dejar paso al PSOE porque no será capaz de hacer frente al peligro que suponen para la unidad de España el plan Ibarretxe y la reforma del Estatut propuesta por Maragall.

El próximo curso político estará dominado por las convocatorias electorales de la Comunidad de Madrid, el 26 de octubre, al Parlament de Catalunya en noviembre, las elecciones generales en marzo y, finalmente las elecciones al Parlamento europeo y el referéndum sobre la Constitución europea en junio. Aznar espera utilizar el principal eje de movilización del electorado de derechas, la cuestión nacional, y la abstención de un sector del electorado de izquierdas tras el escándalo de la Asamblea de Madrid para recuperar la Comunidad de Madrid, limitar la probable victoria de Maragall en Catalunya, condicionarla a su alianza con IC y ERC, y crear un escenario de polarización frontal frente a cualquier reforma de los estatutos de autonomía y de la Constitución que den la victoria a su sucesor en marzo en nombre de la estabilidad frente a un PSOE dividido.

Un panorama más complejo

El panorama que pinta Aznar no es, sin embargo, tan claro.

En primer lugar, los viejos fantasmas pueden reaparecer, porque en realidad nunca han salido de escena. Los movimientos sociales que han tenido lugar en los últimos tres años han ido acumulando capa tras capa de nuevos militantes, creando un capital de movilización que, lejos de debilitarse, esta cada vez más presente. Rajoy ha dado por acabada la tragedia del Prestige y la revuelta de Galicia contra el PP tras las elecciones autonómicas, pero las pancartas de Nunca Mais siguen colgadas por toda la geografía del estado. Igual ocurre con el PHN y muy especialmente con la falta total de apoyo al envío de tropas españolas a Iraq. La mayoría absoluta del PP impide que se abra una investigación parlamentaria como en Gran Bretaña sobre la manipulación de los informes secretos que utilizó Blair, y después Aznar, para justificar la guerra. Pero ello no impide que la erosión de la legitimidad de la intervención no solo continúe, sino que se ahonde ante el incremento de la resistencia iraqui y las primeras bajas de las tropas de ocupación españolas. Cualquier chispa puede de nuevo relanzar un movimiento social que es en buena medida autónomo y que no depende de los partidos políticos para sus movilizaciones.

En segundo lugar, a pesar del optimismo de Rato sobre las tasas de crecimiento de la economía española, la situación económica puede cambiar muy rápidamente en los próximos meses a medida que la recesión del resto de la UE afecta a las exportaciones españolas. Las tasas de endeudamiento de las familias españolas, que han alcanzado niveles sin precedentes, y la fuerte tasa de precariedad del mercado de trabajo pueden provocar cambios muy rápidos y explosivos, como ha puesto de manifiesto el accidente de las instalaciones de Repsol en Puertollano.

En tercer lugar, es verdad que el PSOE esta dividido, pero la principal causa de esa división ha sido su propia subordinación a la hegemonía del PP a través del pacto antiterrorista y la lucha contra el nacionalismo, que lo han reducido a una confederación de barones regionales. Las reticencias a extender el pacto a un enfrentamiento frontal con el PNV y la tímida reforma federalista de Maragall (que dada la importancia de su posible victoria en Catalunya no ha provocado otra oposición interna que la de Cristina Alberdi), han acabado por poner en entredicho la propia existencia del pacto antiterrorista. La legitimidad de la estrategia de polarización de la cuestión nacional del PP se basa en que su principal víctima electoral, el PSOE, comulgue con ella. Y hasta la idiotez política tiene un límite.

Sobre este fondo, la esperanza de la derecha no es tanto acabar con los movimientos sociales como romper cualquier intento de búsqueda de una salida política en el terreno electoral y alentar la abstención, satanizar a Zapatero y sus inevitables alianzas con IU , IC o, horror de los horrores, el PNV. Enfrentar la unidad de la derecha a la división y dispersión del voto de izquierdas como señal de la falta de una idea de España. Poner en cuarentena cualquier otro tema y reducir el debate político hasta marzo al monotema del la unidad de España.

Movilización y participación electoral

Las opciones de los distintos movimientos sociales parecen bastante claras. Por un lado continuar con sus movilizaciones, erosionando la base social del PP. Por otro, crear una dinámica política a la izquierda del PSOE capaz de empujar a este, casi contra si mismo, a encabezar, como única alternativa posible, la derrota electoral del PP.

Para continuar las movilizaciones no faltan motivos en ninguno de los campos. El principal problema es la debilidad organizativa de los movimientos sociales, aunque hay que señalar matices en los casos del PHN y de Nunca Mais. La participación en los debates para el Foro Social Europeo de Saint Denis, en noviembre, puede ser un paso de reflexión política y conexión con lo que ocurre más allá de los Pirineos muy importante. Relanzar la campaña contra la guerra en Iraq, ahora por la retirada inmediata de las tropas españolas y la solidaridad con el pueblo palestino, aparecen como necesidades urgentes.

Crear una dinámica política a la izquierda del PSOE parece más complicado, pero las elecciones municipales han comenzado a mostrar algunas tendencias positivas en este sentido. El apoyo directo al PSOE parece una apuesta condenada al fracaso, porque el PSOE es ante todo el partido refundado por Felipe González en una matriz neoliberal para ser la izquierda moderada o, si se prefiere, el centro-izquierda del sistema. Y el sistema implica corrupción, como se ha puesto de manifiesto en la Asamblea de Madrid. Sin embargo, para millones de votantes no esta en cuestión el sistema, sino una gestión distinta de la que ha hecho en los últimos ocho años el PP.

Para una parte de los movimientos sociales y para algunos cientos de miles de votantes lo que esta en cuestión precisamente es el sistema y sus políticas sociales y económicas neoliberales. Este es el sector más activo en las movilizaciones, a la búsqueda de una alternativa, que hoy no existe, y que tiende a dar su apoyo a IU y a las izquierdas nacionalistas, para a la vez contribuir a la derrota del PP y condicionar con su voto la alternativa de gobierno dentro del sistema que representa el PSOE. Su participación electoral, como se ha puesto de manifiesto especialmente en las elecciones municipales en Catalunya, depende en buena medida de que esa posibilidad de condicionar al PSOE desde la izquierda sea creíble.

Construir una izquierda de izquierdas

La derrota de la estrategia del PP de empujar a sectores importantes de la izquierda social a la abstención depende en buena medida de que la izquierda que se sitúa a la izquierda del PSOE, es decir IU y las izquierdas nacionalistas, sean y parezcan capaces de condicionar positivamente a un PSOE carente de credibilidad como alternativa al PP. Cualquier subordinación de esta izquierda al PSOE trabajará en contra de una derrota del PP.

En este sentido, reforzar su propia identidad como una izquierda alternativa y reforzar su intervención junto a los movimientos sociales tienen que ser elementos de una misma estrategia cuyo tercer eje es condicionar positivamente al PSOE en el objetivo de derrotar al PP y abrir un nuevo ciclo político.

Cinco temas aparecen como fundamentales en el próximo curso político:

  1. Relanzar la movilización. A pesar del esfuerzo que suponen las campañas electorales, la izquierda debe no solo intentar representar a los movimientos sociales en el Parlamento, sino también, respetando su autonomía, apoyar sus movilizaciones en la calle. Una campaña inmediata por la retirada de las tropas españolas de Iraq y en solidaridad con Palestina debe removilizar a la izquierda social, sin abandonar temas como el PHN o Nunca Mais.
  2. Plantear una alternativa a la Constitución neoliberal europea. No se trata de un mero tema de especialistas, sino de poner en cuestión que el proyecto neoliberal de construcción de una Europa potencia se convierta en ley. Va en ello la propia definición alternativa de la izquierda para el futuro y su alianza con el movimiento antiglobalización y sectores cada vez más importantes del movimiento sindical, que se han movilizado por sus derechos sociales y los servicios públicos. La aceptación del marco impuesto por la Constitución neoliberal europea supondría el fin de un proyecto propio alternativo y la subordinación a la izquierda del sistema que supone la social-democracia.
  3. Enfrentarse a la manipulación de la cuestión nacional ofreciendo un marco de convivencia distinto basado en el derecho de las nacionalidades a ejercer su soberanía y establecer entre iguales una estructura federal del estado. Se puede compartir o no los planteamientos del Plan Ibarretxe o los aún más tímidos de Maragall de reforma del Senado y constitución de una euroregión en los territorios de la antigua Corona de Aragón. Pero no puede estar en cuestión el derecho a decidir sobre estas u otras formulas de los ciudadanos de las nacionalidades implicadas.
  4. Condicionar positivamente un posible gobierno del PSOE. Hay que tener en cuenta tanto la correlación real de fuerzas electoral, las ilusiones de importantes sectores de la izquierda en el PSOE como instrumento electoral para derrotar al PP, como los propios límites del PSOE para poder ser esa alternativa. El escándalo de la Asamblea de Madrid es especialmente instructivo en este sentido. IU y las izquierdas nacionalistas no tienen capacidad para condicionar al PSOE desde dentro del gobierno, solo pueden subordinarse a él en ese marco. Pero teniendo en cuenta que se puede ya descartar una mayoría absoluta del PSOE en las elecciones de marzo y que, en el caso no seguro de una victoria de la izquierda, dependerá de los votos de IU y de la izquierda nacionalista en el Parlamento ese es el terreno más favorable para llegar a acuerdos desde la izquierda que condicionen positivamente un posible gobierno central minoritario del PSOE. Construir esta estrategia desde ahora implica exigir no un hipotético gobierno de la izquierda plural, sino un gobierno que aplique de verdad políticas de izquierdas a partir de la correlación de fuerzas existente. La marginación de IU en el escándalo del Ayuntamiento de Marbella por Chávez es también otra lección a tener en cuenta.
  5. Ofrecer un marco de participación política democrático. Las organizaciones a la izquierda del PSOE no pueden limitarse a reproducir el modelo de funcionamiento caciquil de los partidos políticos del sistema. Si quieren llevar al terreno institucional las luchas de la izquierda social tienen que comenzar por abrirse a esta, ofrecer sus listas electorales para que haya una renovación generacional y una participación real de las mujeres. Tener un funcionamiento plenamente democrático y transparente que supere los repartos de poder de las camarillas de aparato.

De cómo responda la izquierda de la izquierda a estos temas dependerá en buena medida que se pueda derrotar al PP.

 

 

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