La reflexión sobre la UE debería partir de su caracterización como un bloque económico-comercial y monetario que cuenta con una superestructura política débil, en el marco de una "globalización" bajo hegemonía neoliberal y estadounidense (la cual, a su vez, se basa en una alianza y una relativa competencia con los otros dos polos de la Tríada Japón y Alemania-UE-, mientras mantienen todos ellos diversas formas de proteccionismo frente al Sur y al Este). Ese objetivo de construcción de un bloque común es lo que ha permitido hasta ahora a las elites eurooccidentales, en el marco de un proceso más lento y desigual de ataques a derechos sociales, hablar de lo que habría supuesto, alternativamente, el "coste de la no Europa", con el fin de tratar de neutralizar el malestar -desigual pero creciente- de las mayorías sociales y fomentar cierto grado de "europeísmo". Ese discurso se encuentra hoy, no obstante, en abierta crisis debido a los nuevos pasos adelante que se pretenden dar en el terreno de las liberalizaciones y privatizaciones, justamente cuando entra en vigor el euro dentro de una coyuntura que amenaza con una recesión generalizada y enfrentada a un movimiento "antiglobalización" que desvela las tendencias autoritarias del actual proceso de construcción de la UE.
1. Obviamente, debemos partir de una visión crítica de la democracia representativa y procedimental predominante hoy en los estados europeos: pues bien, ya en los estudios empíricos basados en los eurobarómetros de los últimos dos decenios se puede observar que se está dando un notable déficit de legitimidad y eficiencia actual de estos regímenes, reflejados en lo que se ha dado en llamar "desafección" ciudadana y cinismo político; la interpretación de las causas de esos fenómenos es ya más compleja y tampoco significa mecánicamente que se expresen alternativamente en una mayor demanda de otro tipo de democracia, si bien es constatable la reaparición de una mayor participación ciudadana en muchos países de la UE en formas de acción política no convencional (Scharpf, Pharr, Putnam).
2. La construcción de la UE se ha basado en su legitimación indirecta a través de la derivada de los Estados que la forman; en ese sentido, se ha solido distinguir entre el reconocimiento de una capacidad de actuación de la Comisión Europea, por un lado, y el mandato a la misma para actuar, por otro, correspondiendo éste último todavía a los gobiernos de los Estados (Offe). Por tanto, la UE no responde a los criterios convencionales de esas democracias "nacional-estatales" y ello explica el constante debate sobre lo que eufemísticamente se ha llamado "déficit democrático" (Schmitter, Offe).
Sobre lo que significa ese "déficit" se ha escrito mucho: se ha hablado de falta de transparencia, de la naturaleza no electa de la Comisión...y del Banco Central Europeo, del desequilibrio entre el PE y el Consejo, del activismo del Tribunal Europeo de Justicia, de la ausencia de un demos europeo y de una sociedad civil europea, de la falta de competencia entre los partidos por cuestiones europeas (I. Sánchez-Cuenca); pero se ha hablado mucho menos del peso creciente de los grandes grupos de presión: la ERT, la UNICE, el TABD, el ESF...y la CES; también, de la influencia creciente del FMI y el BM, o de la presencia en la OMC y el AGCS; en resumen, el problema está en que es la lógica de los intereses de los grandes capitalistas la que pesa más en el proceso de decisiones, quedando subordinada a ella la de construcción de una identidad colectiva "comunitaria" basada en un presunto "modelo" alternativo al anglosajón.
3. El proceso de integración se ha apoyado fundamentalmente en una asimetría creciente entre lo que se ha llamado "integración negativa", por un lado, y la "positiva", por otro (Scharpf, Offe). Se ha podido ver una tensión entre los intereses comunes y divergentes de los distintos sujetos de la Unión, mientras que la búsqueda de una identidad común europea se ha visto debilitada por la indefinición de los límites de Europa y por la presencia de nuevas poblaciones de origen extra-europeo.
Se han ido manifestando dos líneas de fractura: 1, la que tiene un carácter más estructural, reflejada en la tensión entre la necesidad de favorecer la acumulación capital, por un lado, y la búsqueda de legitimación por los resultados sociales, por otro; 2, la que afecta más a la necesidad de conciliar los intereses comunes frente a los otros polos de la Tríada con los de las coaliciones socio-económicas nacional-estatales y los "tiempos electorales" internos (el ej. de Blair); los temas de las pensiones y de la agricultura y ganadería (la PAC) expresarían los límites que todavía existen si se quiere mantener cierto grado de consenso social interno entre determinadas capas sociales. Sin duda, en una coyuntura como la actual, el riesgo es el aumento de las desigualdades sociales y de las divergencias socio-territoriales entre y dentro de los distintos Estados de la Unión; todo ello se va a acentuar en el marco de la ampliación al Este, teniendo en cuenta no sólo la tendencia a la generalización de la precariedad laboral y las privatizaciones sino también el raquitismo del Presupuesto Comunitario y de los Fondos de Cohesión para paliar ese proceso,
4. El euroescepticismo es un fenómeno creciente, tal como indican los eurobarómetros, si bien hay todavía diferencias notables entre los distintos países; un reflejo de esto se halla en la tasa media de abstención en las elecciones al Parlamento Europeo (50,2 %), si bien en ello influye también la percepción dominante de que se trata de una institución con escaso poder propio. A esto se añaden las lecciones extraídas por las elites europeas tras los referendos de Dinamarca e Irlanda y su reticencia a promover iniciativas similares de participación ciudadana.
Desde el mundo de los "expertos" se han sugerido diferentes vías de salida "por arriba" para superar el "déficit democrático": 1, dejar que el problema de la legitimación de la UE se transforme ideológicamente en un problema de efectividad; 2, la aparente parlamentarización de la UE; 3,dar un mayor papel al Consejo de Ministros; 4, extender en el Consejo Europeo la práctica de tomar decisiones por mayoría cualificada; 5, poner en pie mecanismos de representación funcional, mediante negociaciones con asociaciones intermedias, o apoyándose en la colaboración de asociaciones con funciones representativas políticas y sociales (Offe); también, la propuesta de una 2ª Cámara..., la elección conjunta por las 2 cámaras del Presidente de la Comisión y, sobre todo, las "cooperaciones reforzadas".
5. El debate sobre una UE federal o/y confederal está abierto, pero aparece más "retórico" que "resolútico"; en todo caso, la tensión entre los intereses comunes y los divergentes entre los principales actores no permite pensar que avance más allá de algunos de sus pilares no democráticos; una fórmula intermedia es la sugerida por Delors, basada en la propuesta de construcción simultánea de una "Europa-espacio" y una "Europa-potencia" (Buster, Vercammen).
El Tratado de Niza ha aparecido en ese contexto como ejemplo de encrucijada, habiéndose visto reforzado el protagonismo de los gobiernos, especialmente de los grandes Estados, flexibilizándose los mecanismos de "cooperación reforzada" y debilitando el peso del Parlamento Europeo; esto ha llevado a esta misma institución a rechazar el Tratado de Niza y a llamar a los parlamentos estatales a que no lo ratifiquen.
El Libro Blanco sobre la "Gobernanza" europea" (J.D.Moreno) confirma que se buscan nuevas formas de implicar a la "sociedad civil" que no cuestionen el proceso elitista de construcción europea, rechazando formas participativas, basadas en una soberanía popular fundadora de un nuevo poder constituyente.
6. Los objetivos para los próximos 2 años parecen ser los siguientes: entrada en vigor del euro, ampliación al Este, culminación del mercado único financiero, continuación de las privatizaciones de servicios públicos (AGCS), de la protección social (pensiones...) y contrarreforma del mercado laboral; la creación de la Fuerza de Intervención Rápida (compatible con la OTAN...); los avances en la institucionalización dependerán de los anteriores y de sus efectos en las economías estatales y en la ciudadanía; en el futuro, la entrada de G-B en el euro reforzaría la tendencia confederal, compatible con dar más poderes en lo económico-comercial a la Comisión, al BCE y las "cooperaciones reforzadas" entre Francia y Alemania; el impuesto Tobin aparece ahora en la agenda de la presidencia belga como ejemplo de sensibilidad ante la presión de un sector de la ciudadanía, pero sin expectativas de resolución alguna; con la "cumbre" de Bonn sobre el protocolo de Kyoto se ha logrado dar cierta imagen de autonomía ante EEUU, pero sobre una versión "light" del mismo; la relativa solidaridad mostrada con Berlusconi en torno a las jornadas de Génova y la creciente cooperación europolicial contra el movimiento "antiglobalización" muestran la cara más autoritaria del actual proyecto.
El primer problema con el que tropieza el debate sobre la democracia y los derechos de ciudadanía en la UE es el de la indeterminación del "demos"; existe en realidad una estratificación en distintas categorías: la ciudadanía nacional-estatal, (con plenos derechos), la comunitaria (con menos derechos políticos) y la "extracomunitaria" (sin derechos políticos...si es legal); esa diferenciación ha llevado a la denominación de "síndrome de Atenas": se dice que todas las personas son iguales, pero en realidad se opta por una. ciudadanía nacional y/o comunitaria excluyente o "selectiva" (el discurso de Sartori como ejemplo: la religión-cultura como factor discriminatorio frente a africanos y árabes) ante el fenómeno creciente de la inmigración "extranjera"...pobre
Los derechos civiles básicos: la libre circulación, reunión, asociación y manifestación: la inmigración, excluida; Schengen: la asociación de la inmigración con la delincuencia, el tráfico de drogas y el "terrorismo"
Los derechos políticos: se flexibiliza el "síndrome de Atenas" para los comunitarios
Los derechos sociales: se refuerzan las desigualdades interestatales (agravadas por la lucha en torno a los recursos escasos de los Fondos de Cohesión) y entre la ciudadanía de cada Estado y los inmigrantes "extracomunitarios" (ver Carta de Derechos Fundamentales: habla de libertad de trabajar, no de derecho al trabajo, no recoge el derecho a una renta mínima, a una remuneración justa del trabajo, a la vivienda, no reconoce el derecho de huelga a nivel europeo...; ver Llamamiento de Euromarchas a Niza)
El control sobre los movimientos de capitales y sobre las inversiones: tasa Tobin y paraísos fiscales
Los derechos culturales o/y nacionales colectivos: el pb. del reconocimiento de la plurinacionalidad, la pluriculturalidad y el plurilingüismo en la UE, y la necesidad de redefinir los sujetos colectivos de la construcción de Europa (no al "lecho de Procusto").